miércoles, 2 de diciembre de 2015

aceptación

Con qué lengua de qué felino tengo que decirte
que me vas a matar,
que lo hiciste desde que tres horas decidieron quedarse
para ser eternas.
Que otra vez he sacado todo del cajón donde solo se oye metal
y no he encontrado nunca más
algo que sirva para quererte.
Si todo fuera un filo de acero tú serías un bisturí en un quirófano a oscuras
y yo un cuchillo en manos de un carnicero.

¿De qué está hecho el mundo?
De cobardes.
¿Y el corazón?
De clavos.
Por eso el dicho de un clavo saca a otro clavo.
Mi pecho es madera podrida y por las venas corre el óxido de toda una vida.
Trago saliva y la garganta se siente como si tragara vómitos salidos de la aorta.
Cuándo me dejarás besarte sin heridas y con la condición de.

Dame un solo motivo para morirme de ti,
que ya se me han acabado razones para usar como excusa al arte.
Ni mil manchas de humedad te harían pensar en mi alma,
ni mi alma te haría pensar;
realidad.
Con pintores en las mesas y apuntes al natural te recuerdo,
como algo grande que quedó en increíble y nada más.

Que me duele ver saturadas mis venas
y qué me duelen las letras en poemas.
La infinidad de la palabra hecha poesía no sirve más que para doler.

martes, 20 de octubre de 2015

Gatos que cazan moscas.

Cómo esperas decir que somos poesía
y darlo todo por acabado
cuando sabes mejor que nadie
que poesía es más que sangre
y rabia
y frío
y monstruos
y amor.
Que el espacio entre verso y verso no es vacío,
sino la ausencia de nosotras.

Y sabemos que es difícil.

Difícil como digerir cartón,
pero,
¿acaso no nos hemos comido ya las flores,
mariposas y abejas incluídas?
Digo cartón porque si por papeles fuera
nos hemos devorado sagas de nosotras
y millones de barquitos de papel
habrán surcado ya nuestras venas.

Difícil porque la metáfora de mi vida
es aquella del gato cazando moscas:
tanto felino y tanto orgullo
para acabar perdiendo la cabeza
por un zumbido diminuto.

Difícil fue haber coincidido
en este mundo lleno de mecanicismo.

De repente me tienes más en ti de lo que esperas
y te pican las abejas
porque ya no te quedan mariposas,
y yo dejo mis moscas
para empezar a oír en tu estómago.
Tan cerca que quieres que me vaya,
y al centímetro,
tan lejos que no me dejas irme del todo.

Te encuentro vomitando tinta
y me veo escrita en el suelo,
quisiera limpiar todo el desastre que eres y dejas,
pero no me perdonaría destrozar
lo más hermoso
que me ha traído el azar.
Que te describo en negativo porque
dos veces menos es más
y aquí las dos echamos de menos
así que por ley,
somos más.

Que sepas que la naturaleza del agua
no siempre es correr,
que el equilibrio hace lagos que a veces lloran en mares.
Que los ríos se calman a medio circular.
Y que la lluvia es tan libre de caer
como presa de ascender.

No me voy a llevar la poesía
con el cartón y las abejas -las mariposas ya se fueron-,
los gatos que cazan moscas,
la tinta, el suelo,
el agua y su trascendencia.

Me quedo con todo porque,
pierda la cabeza o no,
yo soy gato de no dejar escapar moscas.

lunes, 12 de octubre de 2015

De sangre y odio.

Hoy me duelen los dedos más que ayer
y que ningún otro día,
todo porque no me atrevo ni a mirarte entre versos,
porque no me quedan uñas que destrocen.

Me estoy inundando por dentro,
creo que mi corazón vuelve a llorar sangre,
toda aquella que no se atreven a disfrazar los ojos.
Que no pueden hacer arcoíris nunca más.

Los sentimientos los rige el cerebro pero es que se sienten tan
tan
en el pecho, que casi digiere el estómago
los despojos de músculo,
máquina de adrenalina.

Qué eras que ahora te has convertido en nosequé,
que no sales de mis venas,
te has vuelto crónica
inalterable.
Vuelve la septicemia.

Yo nunca dejé de ser esos pedazos de odio
llenos de dientes que ya no desgarran
y tú siempre has sido mi enfermedad,
esa que todos los monstruos tienen,
esa que jamás cura.

Al mirarme las yemas de los dedos veo
mi corazón
el odio
la sangre
y a ti.
Todos juntos porque os parecéis,
siendo tú lo que me pudre la sangre en mi corazón mientras se llena de odio.

Te quiero tanto que ya duele.

lunes, 14 de septiembre de 2015

Revienta.

Revienta mi cuerpo
cansado
del hormigueo de no sentir.

No hay alma que salga
ni tumba en la que entre.
Me he acostumbrado a
-simplemente-
existir.

Quizá los instintos son demasiado fuertes
y el cuerpo demasiado débil.
O quizá soy yo que me muero
por vivir.

Como un ronroneo fuerte
o un gruñido amenazante
-depende de si el monstruo
es o no
un lindo gatito-.

Como si ya no estuvieras.
Soy libre.
Pero ambos sabemos que no
-¿verdad?-.

No sé cómo encadenar estos sentimientos
ni cómo encerrar los impulsos.
Las ganas de morder no llevan bozal.

Te quiero
y quiero que te quedes conmigo,
pero entiende que me haces mal,
que no puedo seguir llevándote dentro de mí.

Que eres tan de mí como yo de ti,
tan de mi carne como las ganas,
tan de mi alma como la culpa,
tan de mí que me defines.

Pero hoy no puedo dejarte aquí.

Sé que los perros recuerdan el camino
pero olvídate
de mí
y de mí otra vez.

Dos veces,
para que no haya arrepentimientos
o segundas opciones
o planes b
o despedidas de película.

Hoy quiero sacarte de entre toda mi mierda
para llevarte al mierda de mundo que hay allí fuera.
Créeme que más asco que yo no da.
Que a mí a ser costra mal curada no me gana nadie.

Y no llores
que bicho malo nunca muere
y a ti no se te puede cortar de raíz.

domingo, 15 de marzo de 2015

esa chica

Esa chica
a la que le sobran
interrogaciones
y desprecia
exclamaciones.

No la ames.

Esa chica
nunca usa cielos
ni cariños
o corazones
para referirse a ti.

No los usa
porque su cielo
está
en llamas,

su cariño
no existe
y su corazón
es un vacío.

Y tú no le importas.

Para ser sinceros
te necesita
pero
necesitar es debilidad;

y debilidad para ella
es sentimiento:
sola,
triste.

No la ames, tiene demonios tras de sí.

Se pregunta
dónde está su mente.
Se ha mudado a su corazón
y su corazón al cerebro.

Demasiadas costillas
para tan contaminados pulmones
y muy poco cráneo
para tantas ganas de romperlo.

"El cielo no es suficiente
si cuando esté allí no te recuerdo".

Si bien poco importan
divinidades,
opiniones,
caminos;

ella baila ebria
con la lengua llena de pastillas
y con sangre seca en los nudillos.
No le preocupa la vida.

Difumina estrellas
exhalando humo.
Ya no ama a Evangelyne
porque su brillo era demasiado.

Demasiado hermoso para desperdiciarlo a su lado.

No piensa en el suicidio
porque no quiere complacer a
La Muerte.
Aunque ella ya esté muerta en vida.

Se diluye entre sus dedos
pensando en amores imposibles
que no quiere hacer reales
porque les teme

en silencio.

Y con las uñas mordidas
sucias
descuidadas
ama a pobres diablos.

Se estira por las mañanas
y suena como una rama seca
pero se ve como
un león famélico.

Y con mirada de demonio.

El café le sabe a amaneceres
de haber pernoctado
y le da ganas de vomitar
cada hora que la despierta.

Adicta a la cafeína
para vivir
toma pastillas para soñar
y alcohol para reír.

Se besa los brazos
por donde corren venas
porque quiere sentirse viva
y lo único más afilado que una cuchilla

son sus labios.

No la ames
pues
está rota
y corta.

Cada palabra que susurra
en una sonrisa irónica
son devenires de satanismo
en labios de una atea.

Y su lengua.
Esa lengua fría
que se siente tan caliente
en bocas ajenas.

Cómo cada diente
marcaba la piel,
zambulléndose en la carne
y sonriendo sobre ella.

Pero amanecía
y olía a café
y ella ya no estaba;
se había ido.

Porque dice ser libre
mientras oculta las muñecas
marcadas de grilletes
oxidados.

Lloraba en estéreo
alto
a pleno pulmón
encerrada en su habitación

presa de temblores
y mil voces
en su cabeza
tan reales como la sangre que le gotea.

Ámala
tanto y tan fuerte
que ya no pueda
romperse más.

Ámala hasta hacerla polvo.

viernes, 23 de enero de 2015

La forma en que éramos constelaciones.

Cómo decirte que
me

en-
fer-
mas

de forma que
no pienses
que te necesito para

vivir.

Unirte
infinitas estrellas
encontrándote
diferentes constelaciones;
todas y
cada una de ellas
tienen tus ojos
brillantes.
-Eres mi Evangelyne
en un cielo de astros-.

Abrazarte
y ser tu camisa de fuerza;

besarte
y ser tu tranquilizante;

follarte
y
ser
tu más infernal sobredosis.

Que no quiero
dar la imagen de noble bestia
fría,
invernal,
que lame tus lágrimas
mientras disipa las suyas;

pero
este monstruo
tiene que empezar a ser egoísta.

No te preocupes si no follamos cada mañana,
noche
y tarde;
si no te beso por cada ausencia de motivos,
ni siquiera si no puedo verte,
porque escribirte
es el mayor placer que podrías darme.

Pero eso no quitan mis ganas de hundirte mis uñas, recorriéndote la espalda.

Te devoraría
el cuello
tan lento
que tus dedos
escarparían sábanas;
-sí, fríos como montañas-.
Besarte
tan caprichosamente
los labios
que se te escaparía el alma,
de suspiro a gemido,
antes de tocarte.

Lamer cada curva
acabada en arista,

eclipsando con mi lengua
toda piel húmeda
-brillante-,

llegando a tu averno
ahogándote en la almohada.

domingo, 4 de enero de 2015

Pareidolia.

Ella es mi circunstancia
en una crónica
-desorganizada-
de sucesos.

Es mi lobo y es mi luna;
es mi frío y es mi acción visceral.

Tiene los labios rotos,
el corazón cosido
y unas manos criminales.
Su mirada es más larga
que los valles ya erosionados.

Dice estar helada
cuando sufre de parálisis
-sentimental-;
y ni sus sístoles
ni sus diástoles
retumban en su caja
de infartos.

Pero por cada hoja
que dejaba caer el otoño
y cada copo de nieve
que se le escapaba al invierno
ella se iba transformando
en un tono más de gris
de entre tantos
que caminaban por las calles.

Una estrella más
víctima de la contaminación lumínica.

Ella era una pareidolia
de mis sentimientos,
jugaba a obsesionarme
con sus risas
-y llantos-;
sus idas
y venidas;
y con el reflejo de su pelo.
Yo mientras me dejaba
ser juguete
en manos de mis demonios.