sábado, 13 de diciembre de 2014

Frío.

El frío llega.

Me seca la piel,
me corta los labios
y me amorata los brazos.
Me hace temblar,
dejar de sentir el tacto.

El frío es como tú,
viene y me rompe.

Pero me encanta
la forma que tenéis
de hacerme sentir
-viva-.
Y la sensación
de pelos de punta,
los dientes castañeando.

Como cuando
no me pongo abrigo
para que me cale el viento.

Como los nervios
cuando escucho las hojas
de los árboles
susurrar.

Una tormenta de nieve
dejándome sin visión
ni pulso
en el corazón.

La lluvia empapando
mi ropa
-y mis ojos-.

domingo, 30 de noviembre de 2014

Imagínate.

Y quién se figura
de las mentiras camufladas
en mi acento.
Te recito falacias
como mundos infinitos
mientras tú te pierdes
en el brillo de mis ojos,
en el vaivén de mis labios.

Imagínate que tú y yo
nos saciamos,
devoramos,
las ganas de comernos.
Engulléndote poco a poco,
saboreándome con ansiedad.

Degustas la desesperación
de compartir conmigo;
mi paciencia y esmero
en escrutarte
para saber qué flanco despedazar
y hacerte mía
ahogándome con tu sangre.

Y tú aúllas de placer
aún sabiendo que mi saliva
te va a corroer,
impedir que sanen las dentelladas.
Que las costras te escuezan
y rezumen septicemia.

Ahora di que es mi culpa,
atrévete a confesar en mi contra
cuando tú,
con tu mirada de cordero,
me rogabas que te destrozara el corazón.

Cuando besarte se me queda corto
y mis uñas arañan la posibilidad
de ir más allá,
me doy cuenta de que en esta noche
de frío sedante y húmedo aliento
necesito sobrevivir en tu cuerpo
de acabados templados,
entrar tan dentro
que te llegue al mismísimo Infierno
y te entorne los ojos hacia el
Paraíso.

martes, 25 de noviembre de 2014

lycan

Y tus silencios me matan.
Como si no me hubieras perforado
el alma
con tus balas de plata.

No te muerdas el labio
que me das hambre,
y el instinto
se encapricha con que sea yo quien lo muerda.
Y sigues, pese a que te lo digo.

Tú lo has querido.

Pequeña,
delicada,
mía,
-relativamente-,
pero mía; quiero cuidarte,
mas esta noche,
y todas,
son luna llena.

Entiende que un monstruo
no puede protegerte
ni de él mismo.
Intento acariciarte con mis zarpas,
besarte con labios llenos de dientes,
susurrarte 'te quieros' con la voz ronca.
No me calmes diciendo
que nuestra historia será
como la de la Bella y la Bestia,
porque a nosotras no nos idealizó Disney,
y tampoco yo
tengo una rosa para saber
el tiempo
que me queda.

He llegado a tu corazón
como el demonio vestido de etiqueta.
Sediento de conocimiento,
con ansias de aprenderte,
pero lo único que encuentro son
latidos.
-Sístole, diástole, pausa-.

La curiosidad mató al lobo.

Y ahora tengo
pánico
a que se te escape el pulso
y la pausa sea más evidente.
Porque sé que si se rompe
no podré arreglarlo;
un monstruo destruye lo que
toca
y no crea más que
dolor,
terror.

Ya es suficiente con estar aquí.

Pero tú sigues dando de comer
al perro que te muerde la mano,
cuando deberías ahogarme
en agua
-bendita-.
Y acaricias mis costras
llenas de parásitos,
sacándome ternura
de mis ojos de odio.

Pequeña, te has metido en la boca del lobo.

Tú.

Hoy es frío, y esta noche lluvia.

Cada gota, cada grado menos, me recuerda a ti.

Espero no soñar esta noche.

lunes, 24 de noviembre de 2014

Terror.

Cuando mi mente es un tiroteo continuo
y a pesar del caos atropellado de sentimientos,
tú vienes y te paseas por mi cabeza;
como si no estuviéramos en guerra,
como si no estuvieras en tu casa.
Cruzando descalza mi corazón,
paseándote desnuda por mi imaginación.
Ya conoces los atajos de mi locura,
no te pierdas entre ellos.

¿No te parecen preciosas las palabras
que se relacionan con el desastre,
lo terrible?
Haces que mis emociones exploten
y se descuarticen
en trozos diferentes y aislados
pero todos muertos.
Degollas mis palabras, sin tiempo a inmolar.
Eres la violencia de mi éxtasis,
el estallido
-mi pulso-.
La crudeza del frío invierno helándome las venas.
El gutural rugido del oso
que despierta de haber hibernado,
volviendo a su salvaje y cruel ser.
¿No es hermoso?
Y ninguna se compara a ti
-o a lo que me haces sentir-.
Describen,
coinciden,
explican.
Alegorías para explicarme al explicarte
-e intentarte explicar-
que eres un conjunto de Terror
a través de mis venas;
y me paralizas el cerebro.

Mi cuerpo es tu Edén personal
para pecar;
mi persona el dios que te perdona
y el mortal que peca a tu lado.
Y Satán te reclama en tus Infiernos
para satisfacer su capricho de ti,
y de tus gritos,
tu cuerpo calcinado
y mi brazo que no te alcanza.

Que el magma de mis venas
se vuelva lava,
se derrame y destruya
todo cuanto toque
-que no le pare nada-.
Y que ninguna bestia impura
venga a lamerme las heridas,
que el diablo sabe más por viejo que por diablo
y este famélico lobo ya sabe demasiado
-de ti-.
Le aúlla a la Luna suplicándole consuelo
al miedo hiriente de no saber
y no dar más
-de sí-.

lunes, 17 de noviembre de 2014

ansiedad.

Estoy cansada de escupir sangre mezclada con saliva,
del contorno de tus manos,
que enamorados de tu mirada lasciva,
intenta fingir que no son humanos.

Viendo que entre ambos tienen una conspiración:
el de disparar a quemarropa,
arrancando botón tras botón.
Envidia de quien no puede beber de una copa rota.

Balas frías acarician mi piel y hacen colisión
a través de mi pecho, entre las costillas;
profanando con su pólvora, calentándome el corazón.
Sin tiempo a morir, a tiros de tus labios me acribillas.

Y sin aliento caigo en el descenso de tu cuello;
tus manos me guían, obligadas, al paraíso de tu oído.
Entre miradas en blanco das forma a mi cabello,
y mientras tanto yo beso terreno corrompido.

Escondo secretos entre sábanas que de niña iluminaba,
jugando a imaginar que era mi lugar escondido.
Mirándote con ojitos desvelados
que no seas cruel te pido.

No sé si por no adivinar tras las venas
o por jugar a quererme entre la oscuridad,
pero conviertes largas horas de frío en amenas
y poco a poco haces de tu persona mi deidad.

Hace nosecuántos minutos me inspirabas a escribir
pero recordando fechas he visto que llevo días
con tu cuerpo bajo mis persianas sabiendo de ti.
Y que no hace falta inspiración si ya eres mía.

jueves, 25 de septiembre de 2014

insomnio.

A veces confundo mis fantasías y de verdad creo que estés ahí, dispuesta a entregarte, a reclamarme.

Quiero pensar que tus manos heladas pasan por mi piel, despegándola lentamente de la ropa, haciendo que se erice, arqueando mi espalda, sujetando mi respiración.

Imaginar tu cara a centímetros de la mía, pero que por crueldades del ángulo de visión pueda verla entera. Clavarme en tus ojos, para que los tuyos se desatornillen hasta mis labios, seguirte, y ver que tú te lo estás mordiendo.

Peligrosamente tiras cualquier rastro de matemáticas restando la distancia que quedaba entre nuestras bocas. Pero te olvidas de un problema, y es que el beso es inevitable. Mi yo decidida se va a la mierda, y ahora soy un cachorro que tiembla ante infinitas posibilidades.

De no saber. De que ya no quieras. De que puedas parar.

Y te dejo respirar sobre mí, existir sobre mí, mientras yo me reduzco a una impotente presión en tu cadera.

Aprietan mis dedos.

Cuando menos me lo espero me encuentro gimiendo todo lo débil que puedo, reprimiendo con todas las fuerzas posibles cualquier evidencia de que deseo que continues bajando por mi cuello a besos, a tiernos mordiscos.

Quiero que subas y me respires en el oído, y tú eres tan terriblemente puta que encima lo haces mientras, con un dedo, me vas subiendo la camiseta.

Sabes que estoy apretando los dientes, sé que notas mi respiración. Quiero decirte que no pero se queda en una palabra a medio gemir, muriendo en suspiro.

Pero paras, y te quitas los pantalones, vuelves a morderte el maldito labio y me los quitas a mí. Me cubres de nuevo. Noto como gozas de cada centímetro que conquistas. Por mis costillas, las caderas. Como tus dedos necesitan adelantar al resto hacia el interior de... De nada.

Porque soy otra vez yo imaginando. Y me derroto entre desvelos, dándote las gracias de que con tus fantasías aleje el insomnio. Porque duermo cada noche con esa acción inacabada en mi mente. Una tortura de la realidad.

viernes, 22 de agosto de 2014

Las fantasías no son sólo sexuales.


Que nunca te tomas en serio nada de lo que te digo.

Te hablo de sangre, de muerte, suicidios y sinvivires, y tú sigues riéndote de mis explicaciones alocadas de todo aquello que he imaginado. Aún te sientes capaz de burlarte de las palabras que cosen mi mente, y piensas que no van en serio. Crees que sólo exagero.

Y ojalá.

Nunca te creerás que he soñado con mi muerte, y que disfruté con ello. Porque las fantasías no son sólo sexuales. Y no sólo contigo.

"Escribes precioso, debes tener una mente desastrosa."

Y mi mente es apocalíptica, desordenada, oscura, yo. Y, sobre todo, desastrosa.

¿Me crees ahora? Ahora que estoy muerta, digo. Ya no te ríes de todos aquellos relatos de muerte que te recitaba con ojos brillosos, ni de mis delirios de suicidio, fantasías plenas. Pero antes lo hacías y me despreciabas por ello, no te entendía, si yo te contaba los cuentos de mi interior con toda la ilusión que podía llegar a tener. Me dolía. Y ahora me duele verte. ¿Por qué lloras? ¿Acaso no te alegras de que haya llegado a todo aquello que soñaba? Oh. No estés triste. Siempre estaré contigo. Eso también te lo decía. Susurros en cada noche de que te amaré para siempre.

Y siempre lo haré.

martes, 11 de marzo de 2014

youth

Cada día, tan monótono e invariable, me pasa factura. Vivo encerrada en un mecánico día a día, triste y sucio. Y no, no es que no vea esos pequeños y famosos detalles; sencillamente no me aportan ninguna felicidad. La supuesta felicidad que todos sienten, y yo no. Soy algo así como una cáscara, pero no vacía. Los sentimientos, la ansiedad, las emociones, me llenan. ¿Por qué me siento tan vacía entonces? Se siente tan mal, tan aberrante y a la vez insípido. Me invade el dolor, un simple ocupa que intento llevarlo a lo más hondo de mí, aunque siempre sale a la superficie. Lo siento, cómo me quema y me desgasta pero a la vez no.

Creo que el mayor reto de una persona es dominar el humano que somos. Un duelo que no todos ganan, o incluso apenas se atreven a combatirlo.

Yo he descubierto el monstruo que llevo dentro.

Me posee, mira a través de mis ojos, siente usando mi dolor. Siento cómo desde dentro acaricia cálidamente mi corazón en razón de fría amenaza. Se manifiesta cuando no puedo controlar mi respiración, mis pensamientos, mis palabras. Mis manos comienzan a temblar bruscamente, buscando desesperadamente algo pero sin llegar a ningún sitio. Su furia agresiva me retiene y aparece en mis ojos el filtro del odio. Algo en mí promete que él sólo quiere protegerme, pero es quien más daño me hace. ¿Cómo asesinarlo sin suicidarme?

Una vez desaparece, su sombra continúa ahí. Realmente yo soy él. Mi piel, su piel. Nuestros actos, nuestras decisiones. Juega conmigo, mostrando a ratos su lado más frío e irónico, y puntualmente haciendo visible su gran desacuerdo con todo. Por fuera yo, por dentro una bestia negra, un lobo famélico. O yo no estoy preparada para el mundo o el mundo no está preparado para mí. No tengo ni puta idea de cómo expresar todo esto. A veces pienso en quemar mis cosas, escribir una nota de suicidio y pegarme un tiro. Luego recuerdo que no tengo pistola y se me pasa. Soy un monstruo caminando entre humanos, pero recordad, "todos los monstruos son humanos".