Con qué lengua de qué felino tengo que decirte
que me vas a matar,
que lo hiciste desde que tres horas decidieron quedarse
para ser eternas.
Que otra vez he sacado todo del cajón donde solo se oye metal
y no he encontrado nunca más
algo que sirva para quererte.
Si todo fuera un filo de acero tú serías un bisturí en un quirófano a oscuras
y yo un cuchillo en manos de un carnicero.
¿De qué está hecho el mundo?
De cobardes.
¿Y el corazón?
De clavos.
Por eso el dicho de un clavo saca a otro clavo.
Mi pecho es madera podrida y por las venas corre el óxido de toda una vida.
Trago saliva y la garganta se siente como si tragara vómitos salidos de la aorta.
Cuándo me dejarás besarte sin heridas y con la condición de.
Dame un solo motivo para morirme de ti,
que ya se me han acabado razones para usar como excusa al arte.
Ni mil manchas de humedad te harían pensar en mi alma,
ni mi alma te haría pensar;
realidad.
Con pintores en las mesas y apuntes al natural te recuerdo,
como algo grande que quedó en increíble y nada más.
Que me duele ver saturadas mis venas
y qué me duelen las letras en poemas.
La infinidad de la palabra hecha poesía no sirve más que para doler.