lunes, 12 de octubre de 2015

De sangre y odio.

Hoy me duelen los dedos más que ayer
y que ningún otro día,
todo porque no me atrevo ni a mirarte entre versos,
porque no me quedan uñas que destrocen.

Me estoy inundando por dentro,
creo que mi corazón vuelve a llorar sangre,
toda aquella que no se atreven a disfrazar los ojos.
Que no pueden hacer arcoíris nunca más.

Los sentimientos los rige el cerebro pero es que se sienten tan
tan
en el pecho, que casi digiere el estómago
los despojos de músculo,
máquina de adrenalina.

Qué eras que ahora te has convertido en nosequé,
que no sales de mis venas,
te has vuelto crónica
inalterable.
Vuelve la septicemia.

Yo nunca dejé de ser esos pedazos de odio
llenos de dientes que ya no desgarran
y tú siempre has sido mi enfermedad,
esa que todos los monstruos tienen,
esa que jamás cura.

Al mirarme las yemas de los dedos veo
mi corazón
el odio
la sangre
y a ti.
Todos juntos porque os parecéis,
siendo tú lo que me pudre la sangre en mi corazón mientras se llena de odio.

Te quiero tanto que ya duele.

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