Revienta mi cuerpo
cansado
del hormigueo de no sentir.
No hay alma que salga
ni tumba en la que entre.
Me he acostumbrado a
-simplemente-
existir.
Quizá los instintos son demasiado fuertes
y el cuerpo demasiado débil.
O quizá soy yo que me muero
por vivir.
Como un ronroneo fuerte
o un gruñido amenazante
-depende de si el monstruo
es o no
un lindo gatito-.
Como si ya no estuvieras.
Soy libre.
Pero ambos sabemos que no
-¿verdad?-.
No sé cómo encadenar estos sentimientos
ni cómo encerrar los impulsos.
Las ganas de morder no llevan bozal.
Te quiero
y quiero que te quedes conmigo,
pero entiende que me haces mal,
que no puedo seguir llevándote dentro de mí.
Que eres tan de mí como yo de ti,
tan de mi carne como las ganas,
tan de mi alma como la culpa,
tan de mí que me defines.
Pero hoy no puedo dejarte aquí.
Sé que los perros recuerdan el camino
pero olvídate
de mí
y de mí otra vez.
Dos veces,
para que no haya arrepentimientos
o segundas opciones
o planes b
o despedidas de película.
Hoy quiero sacarte de entre toda mi mierda
para llevarte al mierda de mundo que hay allí fuera.
Créeme que más asco que yo no da.
Que a mí a ser costra mal curada no me gana nadie.
Y no llores
que bicho malo nunca muere
y a ti no se te puede cortar de raíz.
No hay comentarios:
Publicar un comentario