martes, 20 de octubre de 2015

Gatos que cazan moscas.

Cómo esperas decir que somos poesía
y darlo todo por acabado
cuando sabes mejor que nadie
que poesía es más que sangre
y rabia
y frío
y monstruos
y amor.
Que el espacio entre verso y verso no es vacío,
sino la ausencia de nosotras.

Y sabemos que es difícil.

Difícil como digerir cartón,
pero,
¿acaso no nos hemos comido ya las flores,
mariposas y abejas incluídas?
Digo cartón porque si por papeles fuera
nos hemos devorado sagas de nosotras
y millones de barquitos de papel
habrán surcado ya nuestras venas.

Difícil porque la metáfora de mi vida
es aquella del gato cazando moscas:
tanto felino y tanto orgullo
para acabar perdiendo la cabeza
por un zumbido diminuto.

Difícil fue haber coincidido
en este mundo lleno de mecanicismo.

De repente me tienes más en ti de lo que esperas
y te pican las abejas
porque ya no te quedan mariposas,
y yo dejo mis moscas
para empezar a oír en tu estómago.
Tan cerca que quieres que me vaya,
y al centímetro,
tan lejos que no me dejas irme del todo.

Te encuentro vomitando tinta
y me veo escrita en el suelo,
quisiera limpiar todo el desastre que eres y dejas,
pero no me perdonaría destrozar
lo más hermoso
que me ha traído el azar.
Que te describo en negativo porque
dos veces menos es más
y aquí las dos echamos de menos
así que por ley,
somos más.

Que sepas que la naturaleza del agua
no siempre es correr,
que el equilibrio hace lagos que a veces lloran en mares.
Que los ríos se calman a medio circular.
Y que la lluvia es tan libre de caer
como presa de ascender.

No me voy a llevar la poesía
con el cartón y las abejas -las mariposas ya se fueron-,
los gatos que cazan moscas,
la tinta, el suelo,
el agua y su trascendencia.

Me quedo con todo porque,
pierda la cabeza o no,
yo soy gato de no dejar escapar moscas.

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