Cómo decirte que
me
en-
fer-
mas
de forma que
no pienses
que te necesito para
vivir.
Unirte
infinitas estrellas
encontrándote
diferentes constelaciones;
todas y
cada una de ellas
tienen tus ojos
brillantes.
-Eres mi Evangelyne
en un cielo de astros-.
Abrazarte
y ser tu camisa de fuerza;
besarte
y ser tu tranquilizante;
follarte
y
ser
tu más infernal sobredosis.
Que no quiero
dar la imagen de noble bestia
fría,
invernal,
que lame tus lágrimas
mientras disipa las suyas;
pero
este monstruo
tiene que empezar a ser egoísta.
No te preocupes si no follamos cada mañana,
noche
y tarde;
si no te beso por cada ausencia de motivos,
ni siquiera si no puedo verte,
porque escribirte
es el mayor placer que podrías darme.
Pero eso no quitan mis ganas de hundirte mis uñas, recorriéndote la espalda.
Te devoraría
el cuello
tan lento
que tus dedos
escarparían sábanas;
-sí, fríos como montañas-.
Besarte
tan caprichosamente
los labios
que se te escaparía el alma,
de suspiro a gemido,
antes de tocarte.
Lamer cada curva
acabada en arista,
eclipsando con mi lengua
toda piel húmeda
-brillante-,
llegando a tu averno
ahogándote en la almohada.
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