domingo, 15 de marzo de 2015

esa chica

Esa chica
a la que le sobran
interrogaciones
y desprecia
exclamaciones.

No la ames.

Esa chica
nunca usa cielos
ni cariños
o corazones
para referirse a ti.

No los usa
porque su cielo
está
en llamas,

su cariño
no existe
y su corazón
es un vacío.

Y tú no le importas.

Para ser sinceros
te necesita
pero
necesitar es debilidad;

y debilidad para ella
es sentimiento:
sola,
triste.

No la ames, tiene demonios tras de sí.

Se pregunta
dónde está su mente.
Se ha mudado a su corazón
y su corazón al cerebro.

Demasiadas costillas
para tan contaminados pulmones
y muy poco cráneo
para tantas ganas de romperlo.

"El cielo no es suficiente
si cuando esté allí no te recuerdo".

Si bien poco importan
divinidades,
opiniones,
caminos;

ella baila ebria
con la lengua llena de pastillas
y con sangre seca en los nudillos.
No le preocupa la vida.

Difumina estrellas
exhalando humo.
Ya no ama a Evangelyne
porque su brillo era demasiado.

Demasiado hermoso para desperdiciarlo a su lado.

No piensa en el suicidio
porque no quiere complacer a
La Muerte.
Aunque ella ya esté muerta en vida.

Se diluye entre sus dedos
pensando en amores imposibles
que no quiere hacer reales
porque les teme

en silencio.

Y con las uñas mordidas
sucias
descuidadas
ama a pobres diablos.

Se estira por las mañanas
y suena como una rama seca
pero se ve como
un león famélico.

Y con mirada de demonio.

El café le sabe a amaneceres
de haber pernoctado
y le da ganas de vomitar
cada hora que la despierta.

Adicta a la cafeína
para vivir
toma pastillas para soñar
y alcohol para reír.

Se besa los brazos
por donde corren venas
porque quiere sentirse viva
y lo único más afilado que una cuchilla

son sus labios.

No la ames
pues
está rota
y corta.

Cada palabra que susurra
en una sonrisa irónica
son devenires de satanismo
en labios de una atea.

Y su lengua.
Esa lengua fría
que se siente tan caliente
en bocas ajenas.

Cómo cada diente
marcaba la piel,
zambulléndose en la carne
y sonriendo sobre ella.

Pero amanecía
y olía a café
y ella ya no estaba;
se había ido.

Porque dice ser libre
mientras oculta las muñecas
marcadas de grilletes
oxidados.

Lloraba en estéreo
alto
a pleno pulmón
encerrada en su habitación

presa de temblores
y mil voces
en su cabeza
tan reales como la sangre que le gotea.

Ámala
tanto y tan fuerte
que ya no pueda
romperse más.

Ámala hasta hacerla polvo.