domingo, 30 de noviembre de 2014

Imagínate.

Y quién se figura
de las mentiras camufladas
en mi acento.
Te recito falacias
como mundos infinitos
mientras tú te pierdes
en el brillo de mis ojos,
en el vaivén de mis labios.

Imagínate que tú y yo
nos saciamos,
devoramos,
las ganas de comernos.
Engulléndote poco a poco,
saboreándome con ansiedad.

Degustas la desesperación
de compartir conmigo;
mi paciencia y esmero
en escrutarte
para saber qué flanco despedazar
y hacerte mía
ahogándome con tu sangre.

Y tú aúllas de placer
aún sabiendo que mi saliva
te va a corroer,
impedir que sanen las dentelladas.
Que las costras te escuezan
y rezumen septicemia.

Ahora di que es mi culpa,
atrévete a confesar en mi contra
cuando tú,
con tu mirada de cordero,
me rogabas que te destrozara el corazón.

Cuando besarte se me queda corto
y mis uñas arañan la posibilidad
de ir más allá,
me doy cuenta de que en esta noche
de frío sedante y húmedo aliento
necesito sobrevivir en tu cuerpo
de acabados templados,
entrar tan dentro
que te llegue al mismísimo Infierno
y te entorne los ojos hacia el
Paraíso.

martes, 25 de noviembre de 2014

lycan

Y tus silencios me matan.
Como si no me hubieras perforado
el alma
con tus balas de plata.

No te muerdas el labio
que me das hambre,
y el instinto
se encapricha con que sea yo quien lo muerda.
Y sigues, pese a que te lo digo.

Tú lo has querido.

Pequeña,
delicada,
mía,
-relativamente-,
pero mía; quiero cuidarte,
mas esta noche,
y todas,
son luna llena.

Entiende que un monstruo
no puede protegerte
ni de él mismo.
Intento acariciarte con mis zarpas,
besarte con labios llenos de dientes,
susurrarte 'te quieros' con la voz ronca.
No me calmes diciendo
que nuestra historia será
como la de la Bella y la Bestia,
porque a nosotras no nos idealizó Disney,
y tampoco yo
tengo una rosa para saber
el tiempo
que me queda.

He llegado a tu corazón
como el demonio vestido de etiqueta.
Sediento de conocimiento,
con ansias de aprenderte,
pero lo único que encuentro son
latidos.
-Sístole, diástole, pausa-.

La curiosidad mató al lobo.

Y ahora tengo
pánico
a que se te escape el pulso
y la pausa sea más evidente.
Porque sé que si se rompe
no podré arreglarlo;
un monstruo destruye lo que
toca
y no crea más que
dolor,
terror.

Ya es suficiente con estar aquí.

Pero tú sigues dando de comer
al perro que te muerde la mano,
cuando deberías ahogarme
en agua
-bendita-.
Y acaricias mis costras
llenas de parásitos,
sacándome ternura
de mis ojos de odio.

Pequeña, te has metido en la boca del lobo.

Tú.

Hoy es frío, y esta noche lluvia.

Cada gota, cada grado menos, me recuerda a ti.

Espero no soñar esta noche.

lunes, 24 de noviembre de 2014

Terror.

Cuando mi mente es un tiroteo continuo
y a pesar del caos atropellado de sentimientos,
tú vienes y te paseas por mi cabeza;
como si no estuviéramos en guerra,
como si no estuvieras en tu casa.
Cruzando descalza mi corazón,
paseándote desnuda por mi imaginación.
Ya conoces los atajos de mi locura,
no te pierdas entre ellos.

¿No te parecen preciosas las palabras
que se relacionan con el desastre,
lo terrible?
Haces que mis emociones exploten
y se descuarticen
en trozos diferentes y aislados
pero todos muertos.
Degollas mis palabras, sin tiempo a inmolar.
Eres la violencia de mi éxtasis,
el estallido
-mi pulso-.
La crudeza del frío invierno helándome las venas.
El gutural rugido del oso
que despierta de haber hibernado,
volviendo a su salvaje y cruel ser.
¿No es hermoso?
Y ninguna se compara a ti
-o a lo que me haces sentir-.
Describen,
coinciden,
explican.
Alegorías para explicarme al explicarte
-e intentarte explicar-
que eres un conjunto de Terror
a través de mis venas;
y me paralizas el cerebro.

Mi cuerpo es tu Edén personal
para pecar;
mi persona el dios que te perdona
y el mortal que peca a tu lado.
Y Satán te reclama en tus Infiernos
para satisfacer su capricho de ti,
y de tus gritos,
tu cuerpo calcinado
y mi brazo que no te alcanza.

Que el magma de mis venas
se vuelva lava,
se derrame y destruya
todo cuanto toque
-que no le pare nada-.
Y que ninguna bestia impura
venga a lamerme las heridas,
que el diablo sabe más por viejo que por diablo
y este famélico lobo ya sabe demasiado
-de ti-.
Le aúlla a la Luna suplicándole consuelo
al miedo hiriente de no saber
y no dar más
-de sí-.

lunes, 17 de noviembre de 2014

ansiedad.

Estoy cansada de escupir sangre mezclada con saliva,
del contorno de tus manos,
que enamorados de tu mirada lasciva,
intenta fingir que no son humanos.

Viendo que entre ambos tienen una conspiración:
el de disparar a quemarropa,
arrancando botón tras botón.
Envidia de quien no puede beber de una copa rota.

Balas frías acarician mi piel y hacen colisión
a través de mi pecho, entre las costillas;
profanando con su pólvora, calentándome el corazón.
Sin tiempo a morir, a tiros de tus labios me acribillas.

Y sin aliento caigo en el descenso de tu cuello;
tus manos me guían, obligadas, al paraíso de tu oído.
Entre miradas en blanco das forma a mi cabello,
y mientras tanto yo beso terreno corrompido.

Escondo secretos entre sábanas que de niña iluminaba,
jugando a imaginar que era mi lugar escondido.
Mirándote con ojitos desvelados
que no seas cruel te pido.

No sé si por no adivinar tras las venas
o por jugar a quererme entre la oscuridad,
pero conviertes largas horas de frío en amenas
y poco a poco haces de tu persona mi deidad.

Hace nosecuántos minutos me inspirabas a escribir
pero recordando fechas he visto que llevo días
con tu cuerpo bajo mis persianas sabiendo de ti.
Y que no hace falta inspiración si ya eres mía.